"La tierra para quien la trabaja"
Por aquellas tierras mexicanas, los niños se volvían hombres con el cantar de los gallos, el pequeño José María, Chemita, escuchaba por las tardes, al caer el sol, las historias que contaban los compadres de su abuelo; hombres recios, curtidos por el trabajo duro, que llegaban cansados después de trabajar bajo el sol en las haciendas azucareras del sur de Morelos. Los patrones no eran generosos con sus trabajadores, abusaban de alguna india y la dejaban abandonada cuando paria al hijo .
La injusticia, la falta de condiciones dignas de vida y los movimientos revolucionarios trajeron en las conversaciones, entre uno y otro tequila , el nombre de Emiliano Zapata. Las ideas de libertad y de justicia se regaron por todo México, la clase política y terrateniente latifundistas solo querían terminar con estos movimientos sin medir consecuencias . Pensaron una reforma agraria, para luego incumplirla y acrecentar la pobreza, la injusticia y la marginación. Emiliano Zapata había encabezado en 1906 la rebelión contra los hacendados azucareros, aquí, muy cerca de la casa de Don Demetrio el abuelo de José María.
En 1909 un hermano de Don Demetrio organizó junto a El Caudillo del Sur, la Junta de Defensa para repartir la tierra entre los campesinos. Amigos y familias campesinas festejaban en el pueblo, volvían a tener las tierras de sus antepasados. El lema era "Tierra y Libertad". Tierra y el trabajo de varias horas bajo el sol con sacrificio para que sus hijos tuviesen mejor futuro, y ya no trabajar con las manos rasgadas y la piel quemada en beneficio de quienes los explotaban.
El niño, pasó años escuchando de Zapata y quería conocerlo, ya no era Chemita, para 1917 era José María. Ese año conoció a su héroe. Se alistó en su Ejercito Libertador del Sur con 18 años recién cumplidos.
Comenzaba la reforma agraria y los terrenos usurpados por los terratenientes volvían al pueblo originario, el joven ayudaba a repartir las tierras entre los campesinos y reclutar nuevos soldados. Pasaban largas semanas y no volvía al rancho, sus abuelos esperaban noticias del Ejercito Zapatista y de su nieto. La abuela rezaba el rosario junto a la virgen de Guadalupe tres veces al día.
El 10 de abril de 1919 , Zapata junto a unos hombres de su Ejército fueron víctimas de una emboscada que le tendió el coronel Jesús Guajardo en la hacienda de Chinameca, en el estado de Morelos, donde estaba el rancho familiar. Entre las víctimas, y con el fusil mauser en mano, se encontró muerto José María debajo de su caballo.
Por aquellos tiempos los ideales y la libertad se imponían a sangre y fuego. Los funerales fueron masivos. Las calles del pueblo repleta de hombres y mujeres humildes, llorando y victoreando al General Zapata. Con los ataúdes recorrieron cada calle. El campanario de la iglesia con el doblar de sus campanas y en medio del tumulto parecían llorar junto a miles de campesinos que bajaban de las montañas . También se escuchaban gritos para despedir al Comandante José María que sería enterrado en el panteón de la iglesia. Sus abuelos, amigos y una india joven lloraban vestidos de negro. Sobre el féretro el sombrero y su mauser, junto a la bandera mexicana. Los tiros al cielo se confundían con un día festivo, pero los titulares de los diarios anunciaban la muerte.
En la vieja Iglesia del pueblo, se encuentra , una placa :
Zapata nos dio las tierras
Dios, la libertad
y aquí yace un hijo de la Revolución
José María
el Chema de Morelos.


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