Olga de Kiev
Olga, era una hermosa doncella, de largos cabellos del color del trigo, ojos azules y de fuerte personalidad. El Príncipe la vio junto a su padre, Oleg, montando a caballo. Comenzó a cabalgar detrás de ellos. De pronto cruzó el caballo. La niña de 15 años quedó hipnotizada por la mirada penetrante de Igor. Alto, imponente y de robusta presencia.
—¡Buenos días! Me presento: soy el príncipe Igor—. Con voz firme y segura se presentó ante ellos. Bajo un sol brillante, el verdor de la hierba y los pájaros vueltos palomas sobre sus cabezas, el amor nació.
— ¡Príncipe! —exclamó Oleg, y continuó. —Ella es mi hija menor, Olga —.
Olga se ruborizó, su tez blanca se tiñó de dulzura y carmín. Le besó su mano y le entregó una cadena con un rubí que llevaba en su cuello.
— Este es un obsequio, cuando volvamos a vernos, yo tendré colocado uno igual—. Afirmó Igor.
Pasaron unos días. Igor montó su caballo y se dirigió a la casa del Oleg. Sellaron el pacto de compromiso para el mes siguiente. Olga se casó con Igor. Hijo del príncipe Rurik de Novgorod, fundador de la Dinastía Rurik .
De su amor, en poco tiempo, nació un niño que llamaron Sviatoslaw. El pequeño comenzó a montar a caballo en brazos de su padre. Jugaba a la guerra y todos lo observaban. Un niño valiente. Siempre vestido de blanco, confeccionaron para él unas pequeñas armaduras. Llevaba un pendiente de oro adornado con un rubí y dos perlas. Olga amaba a Igor. Un sentimiento puro estaba enraizado en su corazón. Nunca imaginó vivir sin él a su lado. Un día el príncipe Igor decidió recolectar el tributo dos veces.
Un hombre del campesinado mató a Igor junto al pequeño escuadrón que lo acompañaba. Atado entre dos abedules, fue asesinado de una forma espantosa. Olga se entera de la muerte de su esposo. La forma tan cruel de su muerte la dejó impávida. Tomó la mano de una de sus damas de compania. Se sienta casi desmayando y se vuelve a incorporar. Sin lágrimas, su blanco rostro permaneció inmóvil. En silencio, quedaba, durante largas horas. Sus manos cruzadas, sentada en un sillón de cuero y madera, miraba el cielo y no decía palabra alguna. Comentaban que paso demasiado tiempo luego del asesinato del príncipe. No sabían qué hacer. Pensaban enviar un grupo de hombres a retirar el cadáver. Decidieron esperar que Olga impartiera la orden de lo que se debía hacerse. Después de ese estado emocional de inmovilidad, se levantó, cambió su vestido, se peinó ayudada por una doncella, y se colocó la corona mirándose al espejo.
Reunió a los hombres de confianza de su esposo. Alguien notó que una lágrima brotaba de su rostro como una señal de dolor. La venganza se aproximaba. Sus ojos ya no brillaban de alegría, su mirada era diferente, la venganza, oscureció lo celestial, se turbaron llenos de ira. Cambió la mirada, se volvió fría y temeraria. Luego de reunirlos en el gran salón, la Princesa exigió homenajear a su marido muerto. Velas y un poco de incienso.
— ¡El príncipe Igor fue asesinado! ¡Ordeno máxima seguridad y reclutar los mejores soldados!—. Con estas palabras impartió las primeras instrucciones. Ella tenía una estrategia. Se autoproclamó como la nueva autoridad.
La Princesa Olga de Kiev. Ordenó ir a buscar de cada patio de la ciudad donde fue asesinado Igor, tres palomas y tres gorriones. Así llevó adelante su venganza, en silencio. Los pájaros fueron los medios de la venganza. Regresaron a sus nidos con telas colgando encendidas. El cielo se cubrió de fuego, muerte y escarmiento. La muerte se cobró con más muerte. Prendieron fuego la ciudad. La Princesa Olga, quedó sola. Joven y hermosa, no tardaron en buscar para ella un pretendiente. Sentía furia, el dolor creó en ella un volcán de emociones. Un día, unos casamenteros drevlianos, quisieron obligarla a un nuevo casamiento. El hombre designado era ella, el Príncipe Mal.
La respuesta de Olga fue contundente. Mandó a matar a todos. Las tierras se tiñeron de rojo. Tiempo después, la Princesa fue a la tierra de los drevlianos. Otra estrategia para una segunda venganza. ¿Los motivos? Tener un banquete fúnebre en memoria de su marido. Emborrachó a sus enemigos. Ordenó que su ejército matara a más de cinco mil personas.
La Princesa Olga cambió el sistema de recolección de tributos, fue la primera reforma legal registrada en Europa del Este.
En el 964 Olga de Kiev abdicó en favor de su hijo Sviatoslav, el primer príncipe de la dinastía de los Rurik con nombre eslavo. Olga era cristiana, pero el príncipe Sviatoslav siguió adorando a los dioses paganos. Creyó que sus soldados perderían el respeto, el poder y liderazgo por él si abrazaba a la fe cristiana. La Princesa Olga gobernaba cuando su hijo partía a la guerra. La sangre vikinga hizo fuerte a los pueblos, entrenados para la guerra. Sviatoslav I de Kiev, fue conocido como el Bravo, famoso por sus campañas militares. Destruyó el Kanato de Bulgaria del Volga en el 965, el de los Jázaros en el 966, y el reino búlgaro del Danubio 967-972. Sometió a los alanos y a otras tribus eslavas orientales, aliándose con los magiares y los pechenegos. La bravía, coraje y habilidades en la guerra las heredó de su madre Olga.
Princesa Olga de Kiev, una mujer que por amor a su esposo cubrió las tierras de sangre y venganza.

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