Un puñado de huesos
"Caminaba sobre senderos repletos de flores, luminosos y con una candidez propia de una niña que confiaba en quienes caminaban por los mismos senderos con caras sonrientes y amigables. Un día notó que esas caras se desfiguraban, dejaban las líneas puras y sus labios no sonreían, lanzaban fuego y desidia; sus cuerpos danzantes y ligeros, asomaban largas colas que solían salir por debajo de sus ropas, no eran tan amigables, no eran tan bellos, no eran buenos. Los pájaros sobrevolaban sus cabezas, ellos pensaban que las aves los cuidaban en su andar. Muchos de ellos fueron devorados.
Mostraban miles de facetas, rostros sin nombres y ojos que simulaban no ver, oídos que fingían no escuchar, lenguas que estaban llenas de insultos, confusiones y mentiras.
Simulaban y disimulaban, siempre procedían igual, siempre pensaban que caminar por el sendero del otro haría que se abandone y se eche a un lado todo lo realizado para dejar paso a los que llegaban a manipular y enfrentar.
Un día, los enfrentamientos fueron batallas y ante los ojos de la Guerrera cayeron desplomados, despojados de sus andrajos, de sus miserias, solo eran un puñado de huesos."

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