EL ÚLTIMO ROSTRO - Mary Cross



Sentados al rededor de la mesa de roble, para ella, la familia se encontraba incompleta. Sus hijas la veían abstraída en sus pensamientos, absorbida por el pasado. Cuando llegaba la Navidad, no dejaba de pesar que faltaba ese niño. Sus emociones distorsionadas por el tiempo, creaban un entorno doloroso. Años pasaron desde aquel día que el médico le indicó que el bebé tenía problemas de salud. —Mariana, el niño posiblemente no sobreviva al nacimiento— Explicó el médico. —Los problemas los resolverá Dios—señaló ella. Llegó la fecha del nacimiento. El bebé nació muerto. Eso le comentó una enfermera a las pocas horas del parto. Todos los días, Mariana, imaginaba su rostro. Un día su psiquiatra le recomendó, ocupar todo el día con actividades. Ella comenzó un curso de dibujo. Su primer trabajo fue la cara de un bebé. Así comenzó a dibujar un rostro, crear facciones y sonrisas para el hijo que jamás conoció. Fue creando un personaje, modificando miradas y el paso del tiempo creó un apuesto muchacho de 39 años. Dibujaba muy bien, su profesora la alentó para exponer en una galería de arte. Asombrados por su talento, sus profesores ayudaron alentándola. Una mañana tuvo la propuesta, de un experto en arte, para exponer sus dibujos, así comenzó un recorrido con sus obras en varias ciudades.  La última exposición, estaba programada para el mes de noviembre, asistirían otros dibujantes y turistas.
La sala de una importante galería, estaba repleta de invitados, los dibujos expuestos con un texto breve, explicaba su obra. Mariana conversaba con los asistentes. Parada junto a la ventana y acompañada por sus hijas, observa a un hombre joven demasiado interesado en uno de sus dibujos. El último rostro que dibujó de su imaginario hijo fallecido, se encontraba en el final de la muestra, al lado de un gran ventanal. Ella Comenzó a caminar, llevada, como por inercia, por una energía extraña y bulliciosa, la movía, sin querer, hacia él. 
—Gracias por visitar mi exposición—. Con una voz muy dulce, saludó al interesado visitante. Él volvió muy despacio su cabeza, quedando a la par del dibujo. Mariana, sorprendida, vio en el joven la réplica de su personaje.  —Estoy admirado por su talento, no puedo creer como hizo un dibujo de mi rostro de una forma tan exacta. ¿Usted, sabía que yo iba a venir?—Preguntó, mientras sonreía.
Mariana no podía sostener la conversación, mucho menos sus piernas, cuando recobró la conciencia, estaba en la guardia del Hospital Central, el mismo lugar donde nació muerto su hijo. 
Sus hijas y el joven muchacho, esperaban sentados en el banco del pasillo. Una enfermera dejó ingresar a las hijas. Minutos después ingresó el joven, y le dijo a Mariana: — Mariana, soy tu hijo. No nací muerto, el médico te mintió. Me sacaron de tus brazos y en la otra habitación, una mujer, esperaba un niño. Entregaron el tuyo. Cuando mi madre de crianza me contó pude comenzar la búsqueda. Claro que sí, fui a tu exposición a conocerte. Vi el último rostro y comprendí que eras mi madre.

Mary Cross Copyright ©

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