Estaba el abuelo viviendo en casa, los biznietos entusiasmados por sus relatos sobre los mundiales de otros tiempos, recordaba los jugadores de los equipos, los finalistas, campeones, subcampeones, goles, penales y sanciones. La reunión con sus hermanos, hijos y sobrinos, en cada mundial, cuando jugaba Argentina, lo exultaba de emociones y lágrimas. El quincho, el asado, el fernet con cola y la picada. E n el mundial que se aproximaba, no estarían sus hermanos, habían muerto. Con 92 años, el abuelo Roberto preparó un mes antes la foto que tenía en su mesa de luz, la envió a ampliar en un tamaño que cubría media pared del lado izquierdo del quincho, al lado una foto del Diego con la camiseta de la selección y debajo la fotografía del abuelo abrazado con sus nietos en la cancha de San Lorenzo. Estaba todo organizado. Compramos camisetas de la selección, gorros y banderines para decorar la casa. Contamos que seríamos más de treinta. Observé a Federico, el nieto mayor, un ...